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POETA: HUGO RENGIFO DÁVILA

Por:  J. Ignacio Villota N. 

En el panorama nacional empieza a perfilarse la imagen severa, ágil, segura de un nuevo exponente de la poesía contemporánea.  Hablo del economista y poeta Hugo Rengifo Dávila. una persona de fino trato, reservado, discreto, de una gran independencia personal, cualidades que lo han colocado dentro de una esfera muy respetable.  En uno de los versos de su elegía "Recordando a Mi Madre", se puede ver con asombro hasta que punto llega su sentido de la sencillez, dice: "de mi hogar humilde, ya terminado".  Aquí refleja esa personalidad que lo ennoblece, no olvidando su origen humilde.

El porvenir esta delante¡  No se detiene.  Inquieto como siempre; escalando por los peldaños tortuosos que son los que conducen a la cima de un ideal, llega a la Universidad de Nariño y corona su carrera de economista - especialista en proyectos de desarrollo.  Luego, en un impulso deliberado, impresionado por lo bello, viene el pensamiento de consagrarse como poeta.  Infatigable sigue ese sendero que lo llevará dentro de una intimidad profunda por lo simple y por lo bello.  ¡ Ha nacido un poeta ¡

UN VIVO SILENCIO 

Se posó suavemente sobre la seca rama,  
con sus patas de silenciosa espuma  
el tordo, de desconfiada mirada,  
plumaje brillante y cuerpo ligero.  

Y sobre él, se posó mi mirada
curiosa, escudriñadora y preguntona.
Ansiosa de figura, color y forma.
Y, la rama seca suave se movía.  

Sobre el lienzo extendido y preparado,  
blanco y suave como el sueño de un niño,  
se posó el pincel, por mi mano guiado.  
Con pintura,  para imitar la rama.  

Un deseo que jamás plasmé,
hizo que el tordo la rama dejara.
Después de haberse posado en trazos
sobre el lienzo, antes blanco y suave.  

Quedó allí su figura, sin igualar  
a aquella que guardo en mi mente.
A aquella que vive en mi alma,
con la misma dulzura de esa mañana.

Su volar, fue un grito de libertad para él,
un rompimiento con plumadas de aleteo
para el viento dormido que esperaba
su paso y, un adiós para mí.

Su natural color resalta sobre
el espacio disuelto en blancas nubes
de fondo azul y  cual calcomanía 
viviente en mis ojos cansados se agita.

Y cada vez que le recuerdo vivo y
el paisaje se hace bello y vibro.
Todo fue un silencio. Y en silencio
quedé sobre la dura cicatriz del mundo;

este mundo que como la rama se mueve  
y que está posado sobre el silencio
disuelto en el lamento de una angustia.
Que es volar para muchos sin libertad.

Un sueño esperanzado para otros,
un contraste de paisajes para el alma  
y, un continuo preguntar sin más respuesta  
que el adiós y la soledad, para mí.

 

COMUNEROS-200 AÑOS  

Durante el día los Indios no bajaron
a la fiesta para ellos preparada.
Sólo expectantes rostros ansiosos  
por las calles del pueblo deambularon.

Cayó la noche en su lógica.  
Noche oscura de espesa niebla matizada.  
Sin rastros de luz insinuantes  
ni luna visible, ni estrellas, ni nada.  

En murmullos la gente se repetía,
por qué los indios no bajaron?.
Era ésa su mayor preocupación.  
La noche con silencio respondió.  

Las gentes cansadas de esperar
se fueron, quizá tristes, a sus casas.
A calentar sus cuerpos.
A descansar de su agitado día.  

Y entonces, todo en silencio quedó;
ni el eco del bullicio pasado
parecía querer repetir las voces.
Que el pueblo descanse tranquilo.

De pronto, de la noche, el silencio se rompe.  
La oscuridad se rasga en sendas de luz,  
y cual chorreras luminosas se derraman  
por el manto de la noche.  

Al pueblo en caravanas se acercan.
Sones lejanos de tambores se escuchan.

 

La caravana indígena se ha vuelto camino
que al cielo entrega murmullos de gloria.
y al viento brillantes y negros cabellos.
a las sombras trajes blancos de vivos apliques.  
Son Indios que rodean su cintura y ciñen su frente  
de tejidos hechos con amor de india.

De Ospina -la Bella-, de Imués, Guaitarilla,
de Sapuyes, de Chitán
danzando y cantando camino a Túquerres van.  
Por las cuatro esquinas senderos de luz se ve  
y sones de tambores indios se escuchan.
Oníricos lagos de luz aparecen  
en el nocturno horizonte tuquerreño.  
Cada vez se oyen más cercanos  
los sones de tambores indios  
mientras raudos a su plaza principal.  
en una visión de dioses se dirigen.

Se distingue  entre ellos ahora
a Francisca, Lorenzo y Manuela,  
a Ramón, Fulgencia y Pamela.  
Comuneros... Comuneras. 

(Bicentenario Movimiento Comunero,  
Túquerres mayo 20 del 2000)

 

UNA SALIDA

El manantial cree que secándose protesta
contra la podredumbre que soporta.  
El viento considera  que dejando de soplar protesta  
contra la ola de contaminación que lo invade.  
El camino estima que poniéndose difícil protesta  
contra los corruptos pies que lo recorren.  
Yo, que los miro a todos pienso  
que sin ingerir alimento protesto  
contra todo aquello que me hace daño y me molesta.  
protesta, protesta y cree  
protesta, protesta y considera  
protesta, protesta y estima  
protesta, protesta y piensa  
protesta, protesta y muere.
 

NADA DE LUZ  

Nocturno, entre mil nocturnos
de vigilantes y adormecidos topacios.
Donde nada se refleja,  
nada se iguala, nada se cambia.  
Pero nace la llama  
de la más enloquecedora  
perla de amor. Mancha de ensueños.  

Hay un nocturno entre mil nocturnos.  
Donde se arrebata la ambición terrena  
y se juega todo por alcanzar  
la luz tenue de aquel instante.  

Sólo la noche a los luceros destella  
y sienten ganas de oponerse al día.  
De quedar sin luz para unirse a ella.  
Luceros bellos, lejanos, solitarios;  
prendidos de su manto invisible  
sólo puntos equidistantes, dispersos, son.  
Inquietos quieren llamar la atención  
de la noche inerme, tentadora, suave.  

Melosa la luna trata de borrarla;
logrando apenas, adornarla más.  
Asida a su manto con furia,  
en franjas lo rasga, lo carcome.

El viento, entonces, con los jirones  
de luz vuelve a procurarle  
un manto nuevo. Aparta a la luna.  
La noche serena, tranquila, más intensa;  
sumamente bella y misteriosamente adornada,  
se rodea de amor. Y de odio se ilumina  
para seguir siendo ella. Sólo ella.

Hay espacios donde solo ella existe,  
nada de luz. De enamorados luceros, nada.  
Ni luna rabiosa, ni vientos guerreros.  
Quietud de nocturno. Noche pura. Noche.  
Discreto la mira el sol. De muy lejos,  
también, él le adorna. Sin querer quizá.  

Sí, reina del mundo fuiste.  
Hoy te enamoran mil luceros,  
dejando ver entre mil nocturnos uno.  
Mañana agobiados apagándose irán.  
Y reina serás. Gran noche. Nocturna noche

Copyright © SALAS&GARCIA
Última modificación:
Miércoles, 28 de Junio de 2006 

 

 

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JESÚS NAZARENO -
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