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La obra, titulada "Jesús Nazareno de El Tambo - La Fe de un Pueblo Peregrino", es producto de vivencias y estudios históricos de Rengifo Dávila, apoyados con datos de la Academia Nariñense de historia, tambo.com y otros autores. Algunos apartes del libro son los siguientes:
o
JESÚS
NAZARENO DE EL TAMBO o Capitulo
I Capítulo
II Capitulo
III Capítulo
IV Capítulo
V Capítulo
VI Capítulo
VII Capítulo
VIII Capítulo
IX ANEXOS BIOGRAFIAS o o Para
ello, se tocan temas que guían mejor el trabajo en sus objetivos. No se trata,
por ejemplo, de dar a conocer la historia del municipio de El Tambo como un
elemento fundamental en la obra, pero es pertinente que el lector ubique los
aspectos esenciales de este municipio dentro de la geografía y la histórica. La
idea central, que mueve a editar este compendio de temas en torno a la venerada
imagen de Jesús Nazareno de El Tambo, es contribuir al conocimiento y a la
investigación de un hecho real que asiste al tambeño y, a quien visita ésta
población con el ánimo de encontrase con Dios. Es
interesante observar cómo los documentos encontrados coinciden, bellamente, en
testimoniar que Jesús Nazareno llegó para quedarse en esta población. Cada
vez crece más la fe, la aclamación y la veneración de la comunidad que
internamente lleva esta imagen en su corazón. Son
muchas y variadas las historias que se cuentan sobre esta venerada imagen y
muchos son testigos vivos de estos hechos, factor que acrecienta más la fe y la
devoción. El
Tambo, Nariño es un pueblo privilegiado, por tener la elocuente dicha de contar
con esta imagen y, el tambeño solidifica su identidad y su pertenencia en esta
realidad y camina convencido que, aunque los tiempos cambien, Jesús Nazareno
está siempre con él. ¿Qué puede haber más grande para el ser humano? Pero
también la presente investigación busca, lograr que quienes no conocen todavía
a Jesús Nazareno de El Tambo lo hagan y, depositen en El todas sus angustias,
tristezas, sus dolores. Y porque no sus alegrías, sus triunfos, sus logros.
Como bien se ha dicho “si quieres conversar con Dios visita el Santuario de
Jesús Nazareno de El Tambo” El
autor
El
municipio de El Tambo Nariño: se encuentra ubicado, a 42 kilómetros, al
Noroccidente de la ciudad de Pasto, comunicado por una aceptable carretera;
tiene una temperatura agradable, con promedio de 18 grados centígrados y una
altitud de 1720 metros.
Monseñor
Mejía y Mejía, basándose en el libro de Quito nos relata lo siguiente:
El
Tambo pintado fue, pues, en sus orígenes una de esas hospederías, que se
adjetivó en esa forma o por el color de la tierra donde se plantó o por otras
características como pintura sobre puertas y muros. No es cierto que Cieza de
León hubiese conocido este Tambo, como lo sostiene el distinguido autor de
estudios monográficos del municipio de El Tambo, pues la cita que hace al
respecto pertenece a una hipótesis del doctor José Rafael Sañudo. Pero no
parece muy seguro, como lo sostiene el mismo señor Alfredo Galeano (q.e.p.d.),
que su existencia se remonta al 23 de enero de 1573, cuando el cabildo de Pasto,
en sesión de esa fecha, otorgó a Domingo Núñez "tierras por el camino
que va a Madrigal, como a ocho leguas de Pasto, cerca de un peñol, con condición
de edificar un Tambo para los pasajeros", Alrededor de él se fue
paulatinamente formando la población, que en 1713 era todavía una población
de indígenas, para años después trasladarse al sitio que ocupa actualmente,
no sin antes haber sufrido los terribles desmanes de los feroces Sindaguas. Durante
la Independencia, El Tambo se distinguió por su fervorosa adhesión a la causa
de los patriotas. Influyó en ello, según tenemos entendido, el hecho de haber
tenido por párroco al presbítero Juan Ortiz, quien desde el primer día de los
conatos revolucionarios se mostró adicto a éstos, sufriendo por este motivo
varias veces, el extrañamiento del beneficio. En 1820 fue restituido la primera
vez a él, por auto de 4 de septiembre del obispo de Quito don Leonardo
Santander y Villavicencio. Pero cuando en 1821 todo el peso de la guerra se
trasladó al sur después de la batalla de Boyacá y la evacuación de Popayán,
el ilustrísimo señor Salvador Jiménez de Enciso y Cobos Padilla, obispo de
esta última ciudad residente a la sazón en Pasto, a solicitud del Gobernador
realista de la provincia don Basilio García, lo obligó a ausentarse de nuevo
de la parroquia y nombró en su lugar al presbítero payanés José Miguel
Velasco. Sintiéndose
el presbítero Ortiz injustamente tratado por la providencia de un prelado que
no era el propio, acudió al vicario juez eclesiástico de Pasto, doctor Aurelio
Rosero, con un razonado memorial en el que a la par que sincera su conducta pide
se le manifiesten las razones que hubiesen obrado en el animo del señor Jiménez
de Enciso para tomar la providencia que él consideraba perjudicial a sus
intereses y vejatoria de su honor. Dice el memorial. "A
tiempo en que residía tranquilo en mi beneficio cumpliendo con los deberes de
mi ministerio con la exactitud que es notoria, recibí una orden de usted, fecha
3 del corriente, en que me previene que pase inmediatamente a esta ciudad,
remitiendo al mismo tiempo al presbítero don José Miguel Velasco, de la diócesis
de Popayán, para que haga de cura excusador sin mi ausencia y con entendimiento
Un procedimiento tan atropellado no pudo menos que sorprenderme y hacerme formar
el juicio que algún enemigo de los que no faltan a los curas párrocos que
cumplen con sus deberes, me había levantado alguna calumnia, pues examinando mi
conciencia, y teniendo la consideración sobre mis acciones no he encontrado UN
motivo para tal procedimiento; sin embargo yo he obedecido rendidamente la orden
de usted y pasé inmediatamente a esta ciudad a presentármele como lo verifique
7 días ha, que pertenezco en ella, privado de mi beneficio y de la subsistencia
que de él reporto para mi y mi pobre familia; y en todo este tiempo no se me ha
hecho saber manifestado legalmente la causa de haberme arrancado de la
residencia de mi curato: creo que según las prevenciones de las leyes, y de la
Constitución política de la Monarquía Española que nos gobierna, se me
hubiese confesionado, y manifestado el delito que se me haya supuesto entre el
preciso término de 24 horas como expresamente lo ordena la Constitución. Pero
lo cierto es, que yo experimento la pena, sin saber cual sea el crimen que se me
imputa, y veo igualmente que aunque se acaba de jurar la Constitución no se
cumple, y lo que es más el separar arbitrariamente a un párroco de su
beneficio sin informarle el cargo que causa su separación y sin oírlo ni
convencerlo." "Este
procedimiento es muy ajeno de lo establecido por nuestra legislación que nos
gobierna: mi honor y mi reputación se han traído por tierra, porque cualquiera
que sepa como se ha me ha arrancado de mi beneficio, es preciso que forma de mi
un mal concepto, pues esto no puede hacerse sin un previo delito de mucha
gravedad". "Yo
estoy, pues, en el caso de procurar la conservación de mi buen nombre, y de
vindicar mi honor de cualquiera calumnia, con que se haya tratado de destruirlo,
o de que se me impugna el castigo correspondiente, si hubiese cometido algún
delito, pues así lo exige la vindicta pública: por tanto, debo exigir de usted
el cumplimiento de lo que ordena la Constitución, y las leyes en el asunto de
que trato; y para ello le suplico se sirva hacerme saber la causa que ha
motivado la providencia que usted tomó para que saliese de mi curato, y
adelantarla como corresponde en el modo y términos que ellas prefijan, pues así
es de justicia la que mediante a vuestra merced pido y suplico provea y mande
como solicito con costas y jurando lo necesario en derecho". Como
el señor Jiménez de Enciso era el principal autor de la providencia, el
vicario juez eclesiástico doctor Aurelio Rosero sustanció el memorial anterior
dándole traslado al dicho señor Jiménez de Enciso, quien respondió el 12 de
enero de 1821 en estos términos: "La
causa de haber exhortado el obispo de Popayán al señor vicario eclesiástico
de esta ciudad para que hiciera venir al cura de El Tambo don Juan Ortiz, y se
pusiese en su parroquia a otro eclesiástico de confianza, fue porque el señor
gobernador de la provincia y comandante accidental don Basilio García le ofició
para que promoviera el que se quitase de su parroquia a este cura, por cuanto
por varias denuncias que había tenido era perjudicial su residencia allí pues
la recolección de gente que se estaba haciendo para la defensa del punto de la
Guasca, y en virtud de que en las críticas la seguridad y tranquilidad pública,
se le hizo venir a esta ciudad, sin imponerle arresto ni prisión alguna que se
en el caso en el que la sabia constitución de la Monarquía Española manda el
que se le notifique al reo la causa de su prisión, y demás formalidades que
tan sabiamente establece: a favor de esta medida de precaución está el que fue
condenado a Quito en tiempo del señor Montes; es también falso el que se le
haya dejado sin tener con qué sostenerse, pues, el señor vicario le asignó la
mitad de la renta de su curato para su subsistencia, y la de su familia. En el año
anterior al mismo obispo de Popayán dio parte a su prelado de lo sospechoso que
este eclesiástico era por los informes que universalmente todos le hicieron, y
S.S.I. Le contesto que lo quitara del beneficio y lo suspendiera, y por una
medida de equidad se contentó con separarlo de él, sin suspenderlo, sin
saberse con qué autoridad ha vuelto a su curato. Últimamente de todo se le da
cuenta al señor obispo de Quito en este correo y como su legitimo prelado
dispondrá lo que fuese de su superior agrado para el mejor servicio de la Nación
y del Monarca, por lo que deberá permanecer en este pueblo hasta al resolución
del S.S.I. ante quien deberá vindicarse (F). Salvador, Obispo de Popayán." De
existir el martirologio patriótico de los nariñenses, el presbítero Juan
Ortiz ocuparía lugar de precursor al lado de sus cohermanos, Ramón Ordóñez y
Nicolás Zambrano, quienes tachados de activos simpatizantes de los revoltosos
revolucionarios desde muchos meses antes de 1814, cuando Antonio Nariño atacó
infortunadamente la ciudad de Pasto, pues aun cuando fue nombrado cura propio de
El Tambo precisamente ese año, a los pocos días fue extrañado a Quito. Regresó
más tarde a su beneficio, pero para ser objeto de nuevas sospechas y de medidas
más severas contra su tranquilidad personal y el normal ejercicio de su
ministerio, sin haberle sido dado encontrarse frente a él ni siquiera doce
meses arreo. Finalmente al tornarse la situación política favorable a sus
antiguas convicciones, esto es en 1824, dejó de ser de esta presente vida. La
feligresía de El Tambo con razón de huelga por la devoción de Jesús Nazareno
que atrae a su magnífico santuario incontables romeros de dentro de Colombia y
de fuera de ella, ávidos de postrarse ante sus divinas plantas heridas para ser
mirados con largueza de misericordia por sus divinos ojos tristes. Tan
portentosa imagen remonta, por lo menos, a mediados del siglo XVIII, época en
que los artistas quiteños tallaron sus mejores obras sobre los diferentes pasos
de la pasión de Cristo nuestro señor. En
1821, los señores Juan Manuel y Bernardo Jaramillo para recorrer varias
parroquias en demanda de limosnas destinadas "al mayor culto de la sagrada
imagen de Jesús Nazareno, con la advocación de El Tambo, y colocada en la
iglesia del pueblo nominado "El Tambo Pintado". Hacia entonces de síndico
de la imagen don Melchor Guerra, quien recibió de los Jaramillo la suma de 87
pesos con 4 reales, reunidos en una corrida de tres meses. En 1828, el doctor Aurelio Rosero, vicario juez eclesiástico de la ciudad de Pasto y su jurisdicción, concedió de nuevo licencia a los ciudadanos Francisco López y Juan Manuel Jaramillo para que pidiesen limosna en todo el territorio de la vicaria por el espacio de cuatro meses, con destino a "construir una sagrada iglesia en la parroquia de el Tambo Pintado, en donde se coloque la sagrada imagen de Jesús Nazareno, con la advocación del señor de El Tambo, y otras sagradas imágenes que se hallan con su iglesia que a más de ser reducida, ofreciendo pronta ruina, por lo que se ha suplicado su párroco se le conceda esta licencia, pues se halla fervorosamente emprendiendo en tan santa obra", para cuyo santo fin se suplica, ruega y encarga a todos los señores curas y jueces, comprensos en esta vicaria de mi cargo, no ponga embarazo alguno a tan piadosa solicitud, y antes si exhorten y animen a sus parroquias a que concurran con aquello que les dice su devoción, cuidando y celando que dichos limosneros, no concurran a bailes juegos no otros actos inhonestos, que a más de ser ofensa a Dios, defraudarán las limosnas que se les de. Teniendo presente los dichos limosneros de presentarse en esta vicaria o a nuestro notario el día que se cumpla el término estipulado con esta licencia y todo lo que hubiese recogido bajo juramento para que lo tome el cura o el personero de la obra, bajo de recibo para descargo de ello en la cuenta que deberá rendir de su inversión". o Capítulo
II LA
ESCULTURA. Los escultores españoles de los siglos XVI y XVII y XVIII, de
policromía realista, crearon imágenes a su propio misticismo e interpretadas
con original sentimiento de variaciones exactas. Imágenes con ojos de vidrio,
cara trabajada con plomo o plata a lo oriental, y español. Para
conservar el tipo consagrado para las imágenes religiosas recurrieron al
expediente de fundir en plata o plomo unos mascarones policromados que clavados
después en la cabeza de la imagen, eran estucados con toda ella. La
estatuaria medieval europea, de cubrir las imágenes con vestidos ejecutados con
tela endurecida, que el artista cubría completamente de yeso y de pintura, en
cantidad suficiente para dar la apariencia de madera. Maestros
como Berruguete, Gregorio Hernández y otros merecen tenérselos en cuenta. Los
encarnadores españolles fijaron de una vez para siempre el color mate como el más
verdadero y más humano. Salieron esculturas de verdadero mérito. Es
de un realismo desconcertante, la imagen de Cristo se ve siempre sentado en un
sillón de cuero o de plata, con manto de púrpura sobre los hombros y con
cabello natural. Son por ejemplo las imágenes de Jesús ensangrentado de los años
1650 en adelante. Por eso las imágenes de Jesús ensangrentado y llagado, pero
clásicos por su estilo español, son muy hermosos. Los
escultores quiteños trabajaban en un taller de madera adecuado con
herramientas, madera, yeso, pinturas, mascarillas de plomo, modelos, pinceles, y
otros elementos de trabajo artístico. La
teórica versaba sobre el estudio de la geometría, el conocimiento de las
proporciones del cuerpo humano y las reglas y enseñanzas del arte encerradas en
varios libros de consulta, muy en uso en aquel tiempo, y la práctica consistía
en la ejecución de alguna obra. La
manera como conseguían el brillo de su policromía era sumamente laboriosa. La
hacían encarnadores encargados de estofar y pintar las imágenes trabajadas por
los escultores. Es
decir habían diversos trabajadores, que tenían conocimientos de diferentes
procedimientos y habilidades. La
tradición española que desde el siglo XVI venía imponiendo la madera como
material de trabajo propio para los escultores quiteños, éstos la continuaban
dándole sus propias creaciones y modificaciones. TRABAJO:
concluido el trabajo de talla y una vez estucada la estatua, procedía el
encarnador a dorarla mediante la aplicación del oro laminado. Enseguida la bruñía
para abrillantar el oro y la cubría luego con una capa de color, sobre el cual
iba rayando con un punzón metálico un dibujo cualquiera. Una vez que el
escultor, después de haber tallado su estatua, la escofinaba a fin de pulirla
de las asperezas y matizar sus superficies con blanduras y suavidad de
ondulaciones donde le conviniere, le entregaba al encarnador, quien procedía a
estucarla y pintarla. Enseguida
venía la operación de abrillantar el color por el frotamiento continuo de la
pintura con la vejiga de carnero. Pero
para conseguir el mejor resultado en la policromía, los encarnadores fabricaban
sus colores con esmero y cuidado, muy especialmente el blanco de zinc, una
especie de lbayalde y purificaban el aceite, exponiéndolo al sol y al sereno
durante muchos días, sumergido en agua de nieve que cambiaban constantemente.
Los escultores plateaban las estatuas y doraban y adornaban las telas de sus imágenes
con dibujos en oro, algunas veces complicados y llenos de un barroquismo
aceptable. Los
ritos y gestos de la cara de la imagen le daban los escultores, que la hacían
en la materia prima, para que los encarnadores y pintores le den los últimos y
precisos toques. La
colocación de los ojos era tarea primordial, los debían escoger de acuerdo a
la posición de la cara y de los labios. Tenían simetría, aparejo.
El
gobernador don Gerónimo de Silva concedió desde Cali, el día 7 de febrero de
1573, unas tierras de sembrar en Aranda, a los frailes dominicos para el
sustento del convento. Porque
el 8 de agosto de 1572, día de Santo Domingo fundaron el convento los dominicos
encabezados por el superior Fray Miguel de Medina con el nombre de Santo
Toribio. Acompañaron
en la fundación al Provincial Medina, los Frailes Juan de la Magdalena, Diego
de Miranda, Pedro Romero, Manuel Rodríguez, Diego de San Miguel y Gregorio de
Virnizo. Los
padres Franciscanos, después de su permanencia y apostolado evangélico,
entregaron a los padres frailes dominicos la administración de todos los
pueblos del vasto territorio de la provincia de Pasto. En el acto de la entrega
el 29 de agosto de 1581 estuvo presente don Fernando de Cepeda, primo hermano de
Santa Teresa de Jesús. Los
frailes dominicos con su convento e iglesia, se preocuparon por organizarse
mejor, en el adorno de la iglesia para lo cual viajaron a Quito a costear imágenes
para el culto, entre ellas las de Jesús Nazareno, el crucificado y Santo
Domingo. Las
dos primeras imágenes de la escuela quiteña y la última de los escultores de
Barcelona.
En
Concejo eclesiástico y de comunidad se determinó que para recolectar limosnas
para dichos gastos, se sacara una imagen de Jesucristo con un itinerario
preestablecido de antemano que sería el de recorrer algunos alrededores de la
ciudad de Pasto y llegar hasta poblaciones donde lo pusieran. Fue así como la
brillante idea del fraile José de Valderrama y aprobada por los padres
Francisco de Húngara, Pedro Sarmiento, Hernando Córdoba y Agustín Fuenmayor,
se dio comienzo a la gira sagrada que haría la portentosa imagen de Jesús
Nazareno, que para tal recorrido fue escogida como por un designio divino. Al
llegar a la población de El Tambo tuvo una nutrida aclamación a su paso por
veredas, caseríos y se constituyó en un día de fiesta comunitaria, se paralizó
hasta el mismo mercado del día domingo porque el júbilo fue general. Fue su
domingo de ramos en El Tambo. Hubo
una misa principal en la iglesia del lugar oficiada por el cura párroco Juan
Bautista Gómez de Castilla. Con
los años se fundaron las famosas cofradías que despertaron entre las mujeres más
importantes de la población un fervor inusitado y ejemplar. El
ilustre y divino visitante, Jesús Nazareno recorrió las veredas de la Espada,
Capulí, Trojayaco, Chuza, San Pedro, San Pablo, Pucaurco, Ancayaco, la
Torrecilla, Chargue y Guallibamba, pero al regresar nuevamente a El Tambo, se
pensó en llevar la imagen hacia Pasto. Se hicieron los preparativos
correspondientes de salida la víspera, pero al tratar de levantar la bendita
imagen de Jesús Nazareno, ninguna fuerza humana de tres hombres bien fornidos
la pudieron mover. Sudaron hasta el cansancio y se mostraron incapaces de
levantarlo. Una fuerza misteriosa, tal vez la del mismo Jesús impidió que lo
sacaran de El Tambo, se quiso quedar allí para siempre, acompañándolos,
bendiciéndolos y ayudándolos. Se
quiso quedar en El Tambo porque históricamente era uno de los
"tambos" o lugares preincaicos de descanso y negocio más sanos, donde
el caminante encontraba reposo espiritual, los negocios se los emprendía con
serenidad y conciencia para favorecerse mutuamente. Con
todas sus llagas, dolores, heridas y mucha sangre principalmente la que se
desprende de la cabeza, Jesús Nazareno en El Tambo para bañar su rostro con el
sudor del trabajo limpio del campesino tambeño, está con la mirada moribunda
puesta en el alma y en la mirada de cada habitante de El Tambo, desde los niños
hasta los ancianos, está la imagen bendita con una paz celestial que impresiona
y sus manos prestas a bendecir, aliviar y ayudar a todos. Así quedó bendecido
este paraje sureño del Cauca. En
un documento del archivo de los dominicos en Quito, se encuentra una hoja de
papel con éstos datos curiosos que de pronto los mismos escultores la hicieron:
"En la cabeza de la imagen de Jesús Nazareno tiene tres potencias, le
corre la sangre por la corona de espinas y baña su rostro, ocho gotas que le
caen al cuello. Esta
sentado en un sillón, le pende una cadena que llega a las dos manos y termina
en unas borlas o nudos metálicos con los que fue azotado. Túnica y capa
morada. Los pies con dos pintas de sangre. Cabello largo con bigote como eran
los habitantes de Nazaret, barba, túnico en adornos bordados en oro, manos
llagadas y ensangrentadas. El rostro presenta dos heridas en cada pómulo.
Imagen hecha en la escuela de Quito. Los ojos tienen la expresión de dolor, el
derecho está casi cerrado, caído y el izquierdo abierto y expresivo, una
mirada divina de redención para quien lo mira". Él
es Jesús Nazareno de El Tambo quien seguirá bendiciendo y consolando corazones
de los hijos de El Tambo por muchos siglos más.
Trajeron
de España varias imágenes entre ellas la de San Francisco de un acabado muy
artístico y la de San Antonio. En
el año de 1562 llegaron a la ciudad los Mercedarios quienes fundaron el
convento los Frailes Diego de Villalobos y Mateo de Murcia y por sus lazos
estrechos de origen, se preocuparon por traer de España que estaba en su auge
el arte cristiano, entre él la escultura, la bellísima imagen de la virgen de
Mercedes. Entre
las mismas comunidades religiosas como en otras organizaciones laicas, se
observan ciertas afinidades y amistades estrechas, así ocurría entre
Franciscanos y Dominicos, por eso desde 1581 los Franciscanos entregaron a los
dominicos la evangelización de casi todo el sur de la provincia de Pasto. Los
dominicos establecidos en Pasto fueron unos de los profesores de la escultura en
Quito y por tal razón, trajeron de esa ciudad las imágenes de Jesús Nazareno
de El Tambo y el crucificado de Sibundoy.
(Datos
tomados del libro del historiador Tomas Hidalgo Lara: “Pasto antiguo y
moderno, ante Colombia”. 1890) Las
comunidades, de frailes Franciscanos, Dominicos, Mercedarios y Agustinos, fueron
las primeras que evangelizaron y propagaron la doctrina y fe católicas en
tierras de América. Primero llegaron al Perú y luego se establecieron en el
ecuador, para luego pasar a las regiones de los indígenas de Pupiales, Ipiales,
Funes, Males y, luego, Pasto, Popayán y Bogotá. La
fe católica se implantó por la evangelización de estas importantes
comunidades que establecieron en cada lugar, sus respectivos conventos dándole
una organización en capillas y templos como mandato de la jerárquica eclesiástica
de los señores ilustrísimos obispos, que de acuerdo a las ordenes de sus
superiores y de Roma, establecían las parroquias dentro de los fieles. La
labor, no sólo de evangelización fue una tarea primordial, sino que los
frailes con sus conventos, formados por frailes muy capaces, ilustrados y
conocedores de todas las ramas del saber humano, se preocuparon por enseñar a
sus fieles otras clases de saberes, entre ellos el arte, la música, la pintura,
el español como idioma de Castilla y las prácticas manuales entre las mujeres,
como también la siembra en la agricultura de nuevas semillas, como el trigo, la
cebada, el café. Les
indicaron en sus enseñanzas a los indígenas, nuevas formas de trabajo hasta en
la cría de ganados para su subsistencia. Se establecieron tiendas para el
negocio, la forma de fundir el hierro para hacer chapas, herraduras para
caballos, llaves y algunos utensilios domésticos para uso general. Capítulo
IV La
religión católica siempre ha sido la maestra de la vida en la dirección
espiritual de sus fieles, y la arquitectura española también se imponía con
sus conocimientos en la construcción de hermosos, amplios y confortables
templos, iglesias donde se pudiera celebrar los ritos sagrados. Y
esos templos y esas iglesias estuvieran dignamente adornadas con imágenes para
el culto católico.
Jesús
del Gran Poder, de la iglesia de San Francisco, una de las obras más
interesantes del siglo XVII por el acentuado dramatismo que confiere su rostro
cubierto de sangre, se puede identificar con el nombre del Padre Carlos entre
los años 1620 a 1680, a quien se atribuye, además, el grupo de la imagen de
Jesús Azotado con San Pedro de la Catedral y el San Lucas de la capilla de la
Cantuña. El
siglo XVIII se identifica con las imágenes de Bernardo de Legarda y Manuel
Chili, llamado Caspicara; ambos casi nunca firmaron sus obras y es la tradición
oral la que nos certifica su paternidad. El
primero se inclina por la figura femenina, creando una imagen de la Inmaculada
en madera policromada, inspirado en la Virgen alabada del Apocalipsis; el
segundo escultor criollo sin ninguna semejanza en el conocimiento de la anatomía,
del movimiento y de la expresión, dio un verismo sorprendente a sus imágenes,
cubiertas de una brillante policromía. Se
advierte en el Ecuador una evidente conexión con la cultura centroamericana,
debida talvez a su contacto marítimo con Méjico. Con la llegada de los
misioneros franciscanos se inicio la vida artística de la ciudad de Quito, que
se convirtió muy pronto en uno de los centros culturales más importantes de América
del Sur. Intervino es esta expansión artística la creación en 1550, del
colegio de San Juan Evangelista, mas tarde llamado de San Andrés, para la enseñanza
de las bellas artes a los indios, mestizos y criollos. El
fundador de esta escuela fue Fray Jacobo Rique, quien concibió la construcción
del convento de San Francisco, considerado el monumento más representativo de
la arquitectura quiteña del siglo XVI. En
cuanto a la pintura, se destaca el fraile Pedro Bedón, muerto en 1621 a finales
del siglo XVI, al que honra el museo ubicado en la iglesia dominicana de Quito. Capítulo
V Basados
en la sagrada Biblia, en uno de los relatos del evangelista Juan (2, 1-10) se
nos habla de las primeras manifestaciones de Jesús en la tierra. Las
Bodas de Caná, en dicha población de Galilea se celebró una boda y fueron
invitados Jesús, sus discípulos y María y, como llegó a faltar el vino, la
madre de Jesús le dice: "no tienen vino". Jesús responde ¿"qué
tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora, dice su Madre a los que servían:
Haced todo lo que os dijere." Y
estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la
purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.
Jesús les dijo. Llenad estas tinajas de agua, Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les manda "sacad ahora y llevadlo al maestresala. Y lo llevaron.
Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era,
aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y
le dijo: todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho,
entonces el inferior; más tú has reservado el buen vino hasta ahora. Esta es
una de las primeras señales que Jesús realizó: También, podemos decir que
los milagros dan testimonio de su poder ante los hombres, como la curación de
un paralítico, la multiplicación de los panes, Jesús caminando sobre las
aguas. La curación del ciego de nacimiento, la resurrección de su amigo Lázaro,
entre otros, que podemos constatar en los Cuatro Evangelios, para quienes no
creen en su divino poder. EL
"Manual del Devoto de Jesús Nazareno de El Tambo” aprobado por el Señor
Obispo Monseñor Antonio María Pueyo de Val, en el año de 1921 indica que la
Imagen venerada en la ciudad hospedaje del sol es traída a esta población por
los Padres de Santo Domingo de Quito, quienes buscaban catequizar a los
moradores de esta región y, a la vez, conseguir recursos para sostener sus
comunidades. Capítulo
VI PARROQUIA
DE EL TAMBO Durante
muchos años nuestros aborígenes elevaban sus oraciones de agradecimiento y de
pedidos a sus necesidades a las cofradías fundadas por doña Beatriz Enríquez
de Guzmán, las que se sostenían con el producto de las tierras y ganados, los
nombres que nos entrega la historia eran de "La Navidad" y "la de
Dolores"
Capítulo
VII Uno
de los milagros más importantes para los tambeños, es sin duda, el que la
imagen de Jesús Nazareno se haya quedado en esta comunidad, la cual desde
entonces profesa su fe y logra cada día beneficios a los favores que con fe
solicita. Para
poder captar correctamente los milagros de Jesús Nazareno de El Tambo, se debe
conocer las legitimidades espirituales básicas. Por ejemplo, se debería saber
que nuestras enfermedades, nuestros sufrimientos, nuestros dolores y necesidades
son provocados por nosotros mismos, debido a las actuaciones que van contra la
ley del amor. El ensombrecimiento del alma a causa de nuestros pecados, tiene
influencia en últimas instancia en nuestro cuerpo y en el destino de nuestra
vida. Cristo
nos da ha entender una, y otra vez, que seguirle es fácil para aquel que se
esmera en cumplir el mandamiento principal de la vida interna y vive diariamente
más de acuerdo con él. Si bien, la imagen de Jesús Nazareno ha concedido
varios favores a nuestros antepasados quienes desde varios lugares llegan a
implorar su ayuda, también ha hecho sentir su enojo. Es
de mencionar a un sacerdote, que en su calidad de historiador, está al día con
los acontecimientos de la Iglesia Católica, se trata del padre José Vicente
Agreda, Miembro de la Academia Nariñense de Historia, con quien revisamos
algunos relatos en torno a Jesús Nazareno de El Tambo, como el sucedido a Monseñor
Manuel Canuto Restrepo, obispo de Pasto entre 1872 y 1877, quien era muy
comprometido, en su tiempo, con la revolución de 1876 convocando y creando el
movimiento denominado “Partido Religioso” en el cual logra integrar a
conservadores y liberales católicos, por considerar que algunas leyes
republicanas, referentes a la educación eran corruptas. Antes de su destierro
viaja a la población del El Tambo a pedir a Jesús Nazareno para que le conceda
fuerzas en la lucha contra un gobierno que oprimía a sus conciudadanos. Estaba
orando en el templo, miró fijamente a la imagen y de inmediato subió al altar
y manifestó a los sacerdotes y a algunos de los fieles que el tallado de la
imagen tenia desperfectos atreviéndose a medirle la boca con sus dedos, siendo
expulsado por un fuerte viento que le hizo rodar, ante la vista de los
presentes, por el altar. Un
hecho milagroso de Jesús Nazareno ocurrió por el año de 1754, cuando el
sacristán de la población recibe una visita inesperada de un campesino, que
desde una importante vereda de la localidad había traído a su esposa con
fuertes dolores en el seno. Con un algodón frotó la imagen de Jesús Nazareno.
Sin embargo, al mirar este acto, el sacristán le insinuó que, por esa noche,
llevara la mano del señor y se la pusiera al lado donde la mujer tenia el cáncer,
diagnosticado por un médico de la localidad. Pero el sacristán le solicitó al
humilde campesino que no revelara a ninguna persona que había sacado la mano de
Jesús Nazareno y, fue tan milagroso el hecho que el campesino olvidó la
promesa hecha al sacristán y a voz alta manifestó que su mujer se había
curado del cáncer gracias a Jesús Nazareno. En
una visita que realizara a don Franco un tambeño radicado en el municipio de
Nariño, de profesión sastre, cuenta que en su edad de muchacho inquieto, sus
padres lo mandaban a misa, pero que en lugar de rezar llevaba piedras y las
lanzaba a las jovencitas, en plena Eucaristía. Pero nunca se percató que la
mirada penetrante de Jesús Nazareno lo estaba vigilando y, un cierto día,
cuando caminaba por una de las vías que conducen a la vereda de Trojayaco se le
apareció un hombre viejo quien le propinó fuertes azotes y le dijo que nunca
vuelva a llevar piedras e interrumpir la oración de las jovencitas de la
población. Fue así, que en un sueño profundo el señor Franco miró a Jesús
Nazareno convertido en el anciano que le dejó el cuerpo moreteado por los
latigazos que le dio. Desde entonces Franco nunca volvió a recoger piedras para
lanzarlas en el templo. Manifiestan
los conductores que han solicitado favores, para que en la carretera no suceda
nada malo, que cuando el peligro asecha sienten la fuerza divina de Jesús
Nazareno, por eso en las festividades patronales dedican el día lunes, para
adorar la Imagen y buscar la bendición de sus automotores. Jesús
Nazareno, nuestro divino hermano; el Redentor de todos los hombres y las almas;
el médico y sanador de todas las enfermedades, nos dirige la palabra a cada uno
de nosotros. Él deposita en su palabra la fuerza divina, la energía luminosa
elevada y pura de los cielos. Ahora,
que el espíritu de la verdad deposite la fuerza universal suprema en el receptáculo
del lenguaje humano, se hace posible porque tiene a su disposición un
instrumento preparado por Él, es la venerada imagen de Jesús Nazareno. Al
escribir algunas verdades y milagros de mi Jesús Nazareno he recibido la fuerza
para hablar con la verdad y sentirme orgulloso de su majestad y divinidad.
Gracias Jesús que en cada instante estás conmigo. Y aquellos fieles que se han
postrado ante el Nazareno sólo tienen voces de agradecimiento por los múltiples
favores recibidos. El guarda en su corazón a un pueblo que lo aclama y nunca
dejará que se quebrante la paz de su pueblo. Jesús
dice: El seguirme a mí es sencillo. Esto significa: ama a Dios, tu Padre, con
todo tu corazón, con toda tu alma y a tu prójimo como a ti mismo. Quien
cumpla diariamente este mandamiento; el mandamiento principal de la vida se
orienta hacía su adentro; se dirige, entonces, a su interior. Pues, cada hombre
es templo del espíritu santo; templo de la luz interna. Capítulo
VIII Nuestros
Benefactores El
colegio Jesús Nazareno, lleva su nombre por nuestro patrono, su construcción
se inicia en el año de 1941, gracias al empuje decidido de Monseñor Jesús
Villarreal, quien logró la cooperación de la ciudadanía y de los directivos
de la educación de ese entonces y se logró construir sus dos pabellones, patio
de recreo, granja, capilla para los actos religiosos. El colegio fue aprobado
oficialmente por la Asamblea Departamental en el año de 1952, sus localidades
funcionan en la actualidad en el Instituto Agrícola Jesús Nazareno, en
cumplimiento de las aspiraciones del padre Jesús Villarreal, cual era hacer de
este establecimiento de Educación un colegio de Primaria y Bachillerato. (Para
mayor información vea: Instituto
Agropecuario Jesús Nazareno)
La
iluminación del templo se inauguró en diciembre de 1954 en la misma fecha se
bendijo la planta termoeléctrica de 10 kilovatios para uso exclusivo del
Templo. El
cementerio de Nuestra señora de Fátima, es una obra artística que floreció
en el municipio de El Tambo, con la genialidad del padre Villarreal, con un arte
colonial, señala el grado de madurez cultural logrado en esa región por quien
le brindó su corazón y cariño no solo a los vivos sino a quienes pasan a
buena vida al lado del todo poderoso, en esta majestuosidad se levantan los
pasos del vía crucis, un templete en la parte central y dos lugares
El
padre Jesús Villarreal también apoyó la construcción de la planta física
del Colegio Integrado Sagrado Corazón de Jesús, regentado en la actualidad,
por la comunidad de las hermanas Betlehemitas, de igual manera, las escuelas
departamentales de Tanguana, Pocaurco, Los Limos, las Cochas y Ricaurte. El
escritor y periodista Eudoro Narváez Chávez, nos narra en su obra
"Personajes Nariñenses" que el 9 de febrero de 1990, varios
periodistas locales tuvieron la oportunidad de conversar con Monseñor Jesús
Villarreal O, en el palacio episcopal, minutos antes de la sagrada eucaristía
Don
Eudoro no imaginó que a los 7 días, es decir, el 15 de febrero de 1990
falleciera Monseñor Jesús Villarreal O, sacerdote que entregó la totalidad de
su vida al servicio de Jesucristo, ayudando a los pobres, construyendo,
remodelando templos, cementerios, parques, colegios, grutas y reestructurando
monumentos sagrados. En
su vida apostólica se desempeñó como Vicario Cooperador de Ipiales y Túquerres,
en 1935 y 1936, párroco de san Bernardo en 1937, director diocesano del Yocismo
en 1938, a partir de 1939 hacia 1956 fue párroco y vicario foráneo de El Tambo
Nariño, trasladado a la ciudad de Pasto continúo su vocación artística
construyendo el moderno edificio para el seminario conciliar, durante 10 años
fue director de las escuelas radiofónicas de Sutatenza, en 1961 fue capellán
de la Merced y desde el año de 1964 hasta el día de su muerte fue párroco de
la Iglesia Catedral de Pasto, la que remodelo exterior e interiormente,
respetando su bellísimo estilo colonial, el 29 de septiembre de 1981 un
incendio afectó gravemente a la imagen de la Virgen de la Merced, la cúpula
mayor del altar y el artesanado. Monseñor Villarreal entregó en el año de
1984 todo bellamente remodelado, su muerte causó un duelo general para Pasto,
Nariño y en especial para los habitantes del Municipio de El Tambo, quienes lo
recordarán como el benefactor de la infraestructura de los edificios
importantes de la localidad, su recuerdo permanecerá siempre en los corazones
de quienes tuvimos la oportunidad inmensa de conocerle. Capítulo
IX Desde
comienzos del año de 1992 y siendo obispo del Limo Manuel José Caicedo, un
grupo de sandoneños encabezados por don Luciano del Roble, personaje muy
popular en su época por lo andariego y mujeriego consiguió con la colaboración
del cura párroco celebrar la festividad de Jesús Nazareno en reconocimiento al
favor de que el padre de a novia lo aceptara en su casa. (vea: fiestas
patronales de El Tambo) Don
Luciano no solo aparece en la historia como iniciador de las fiestas de El
Tambo, Nariño, sino que uno de los escritores sandoñenos Julio Santamaría
Villarreal lo escoge como protagonista de su novela "Cuando el Suicidio es
un Deber" obra editada en la ciudad de Bucaramanga en el año de 1944. Retomando
las fiestas patronales tambeñas, nuestro personaje celebra con gran solemnidad
y gasta pólvora, serpentinas, flores y saca en procesión la venerada imagen de
Jesús Nazareno de El Tambo. Las
gentes sencillas y un pueblo como cualquier pueblo colombiano. Con su alcalde,
su notario, su párroco, sus niños que hacen travesuras, los policías que
cuidan lo que no deben cuidar, su plaza con el parque de grandes recuerdos, su
mercado, su carnicería, su peluquería, su droguería, su hospital, sus mujeres
lindas y los trabajadores que al terminar el día regresan a su hogar, silbando
de alegría o preocupados porque su parcela no le brindó lo esperado, con fe
llegan a la iglesia a contarle a su patrono Jesús Nazareno de El Tambo y a
prometerle que en la siguiente fiesta patronal llevaran su limosna para
embellecer su altar. El
ejemplo de Don Luciano del Roble, es acogido por los habitantes de El Tambo, y
fijan el último domingo del primer mes del año, como día central ya que la
fiesta inicia quince días antes con la celebración del "quincenario y la
cuarenta horas" donde al terminar los actos religiosos los moradores de las
distintas veredas y corregimientos realizan actos, culturales, recreativos, artísticos,
deportivos y de teatro ,estas motivaciones permiten que el pueblo se prepare con
tiempo para recibir a los innumerables peregrinos desplazados de varias regiones
de Colombia y de Ecuador. El
padre Carlos Santander Villarreal, le dio vida a estas festividades desde el año
1980, fecha en que iniciaron los festivales y recolectas para restaurar la Basílica,
la que se destruyó, en gran parte, por el maremoto del 12 de diciembre de 1979,
la labor tesonera del padre Santander ha permitido entregar a la ciudad
hospedaje del sol el palacio de su patrono terminado. Para ello, se llevaron
artistas del orden internacional grandes maestros de la música colombiana y los
mejores Ballet de Latinoamérica, quienes actuaron y seguirán actuando los tres
días de las fiestas, lógicamente alternando con los talentosos artistas tambeños
y su banda de músicos, recordando a una de las agrupaciones conformadas por señoritas
del Tambo denominada Lira Roja del año 1941. Otros
impulsos de las festividades son los integrantes de las colonias, residentes en
la ciudad de Pasto, Cali, Bogotá, Cartagena y Popayán, cada año llegan a esta
población con los obsequios para su patrón Jesús Nazareno, quien no haya
visitado nuestro santuario no conoce a Colombia todavía.
BIOGRAFÍAS PRESBITERO
JESUS VILLARREAL ORDOÑEZ Nació
en la ciudad de Pasto el 4 de junio de 1910 en el matrimonio conformado por los
señores, Fernando Villarreal y Emilia Ordóñez, desde muy temprano se le conocía
su inclinación al servicio de Dios y su disciplina encaminada a la preparación
educativa, obtuvo su título de Bachiller en el Colegio de la Inmaculada, el que
funcionaba en el edificio de la familia Villota (Plazuela de Santo Domingo)
regentado por los hermanos Maristas cuyo rector fue el hermano Josías, en el año
de 1928 recibió su ordenación como sacerdote, en el año de 1934 ingresó como
Vicario Foráneo en el municipio de El Tambo; y desde el año de 1939 lo
nombraron como cura párroco de la ciudad hospedaje del sol, El Tambo. (vea:
fotos de personalidades tambeñas) La
labor de este ilustre sacerdote en el municipio de El Tambo fue por más de 18 años,
querido por su pueblo, realizó obras monumentales especialmente en lo referente
a las infraestructuras de Educación y por supuesto religiosas, que sirven de
ornato y de una extraordinaria belleza arquitectónica. Contamos
con alegría las labores encaminadas al progreso de El Tambo, entre sus obras
están la terminación del Templo de Jesús Nazareno; la construcción de sus
torres, ornamentación interior y exterior en alto relieve, pintura y decorado,
altares, mobiliario, cielo raso, ornamentación de naves laterales, la
inauguración se llevó a cabo con un día cívico el 31 de enero de 1943. También
debemos mencionar la construcción de la gruta en honor a nuestra señora de
Lourdes, a base de rocas, la que está situada a la entrada del municipio por la
carretera que de Pasto conduce a esta localidad. La inauguración se registró
el 10 de marzo de 1944.
En
realidad la inteligencia y sus cualidades físicas y anímicas, le permiten
sobresalir en los campos de la teología, la Filosofía, la Literatura, la
Historia, la Pedagogía y sobre todo, en la oratoria en cuyo ejercicio brilla
por la originalidad de la idea, encaminando a sus feligreses por el sendero del
bien común. El
padre Carlos Santander Villarreal, nació en la ciudad de Pasto el 22 de febrero
de 1948, en el hogar conformado por don Arturo Santander y Julia Villarreal de
Santander, se graduó como bachiller en el colegio de San Felipe Neri de Pasto,
terminó la licenciatura de filosofía y Teología en la facultad de educación
de la universidad Javeriana de Bogotá, en la misma universidad obtiene el
titulo de licenciado en teología y mas tarde el de Magister en la misma área.
Hizo el noviciado y se ordenó de sacerdote el 14 de diciembre de 1977, viaja al
municipio de El Tambo, Nariño, bajo las ordenes del Obispo de Pasto, Monseñor
Fray Arturo Salazar Mejía, el 4 de octubre de 1979. El
departamento de Nariño sufrió la tragedia del terremoto-maremoto la que dejó
centenares de muertos y en varios municipios varias edificaciones e Iglesias
semidestruidas especialmente en la población de El Tambo, la historia tambeña
nunca podrá olvidar que el templo donde reina su patrono Jesús Nazareno, había
sufrido desperfectos en el altar y en la edificación, el mes de diciembre de
1979, muchos lloraron por lo sucedido pero a la vez nos alegramos porque teníamos
un sacerdote, entusiasta, de tesón y echado para adelante, el padre Carlos
Santander Villarreal, quien asumió este reto con la colaboración de la
ciudadanía. Once
años de entrega, de trabajo arduo y extenuante, pero siempre alentados por la
firme convicción esperanzadora de ver un día reconstruida la casa de Jesús
Nazareno, al mismo tiempo, se construye la casa cural y la plataforma para la
presentación de los actos artísticos de las fiestas patronales, su inauguración
se llevo a cabo en el año de 1991 con la presencia del Nuncio Apostólico Monseñor
Paolo Romero, del Obispo de la Diócesis de Pasto Monseñor Fray Arturo Salazar
Mejía acompañados por mas de cuarenta obispos de todo el país y religiosas
invitadas para el tan digno acto, donde se hizo un reconocimiento oficial al
templo de Jesús Nazareno, como Santuario Nacional, reconocido en la Santa Sede,
la iglesia colombiana y la feligresía en general. El
padre Carlos Santander Villarreal, nos ha dejado un recuerdo perdurable y la
importancia que reviste la imagen de Jesús Nazareno, destacándose la fe, que
inspira a los peregrinos y creyentes de Colombia y el exterior. Principalmente a
los habitantes de El Tambo.
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